miércoles, 2 de noviembre de 2022

MILAGROS, FE Y RAZÓN

 
Procesión del Señor de los Milagro (foto del autor)


Resumen: A través de los siglos y por todo el mundo hallamos gente que cree en milagros o fenómenos de origen divino o sobrenatural sobre todo en los países en vías de desarrollo, pobres y atrasados pero también incluso en los desarrollados, ricos e industrializados. En este artículo abordaremos distintas variantes de los milagros y daremos explicaciones alternativas pero racionales para entenderlos de una manera simple pero concreta.

Palabras clave: milagros, creencias, imposible, razón, ciencia


 MIRACLES, FAITH AND REASON

Abstract: Throughout the centuries and all over the world we find people who believe in miracles or phenomena of divine or supernatural origin, especially in developing, poor and backward countries, but also in developed, rich and industrialized ones. In this article we will deal with different variants of miracles and give alternative but rational explanations to understand them in a simple but concrete way.

Keywords: miracles, beliefs, impossible, reason, science, science, miracles

 

Introducción

Nuevamente en octubre, luego del encierro pandémico, la procesión católica de la venerada imagen del Señor de los Milagros, un Cristo crucificado, recorre la ciudad de Lima, capital del Perú, seguida por miles de personas con la esperanza de que les cumpla sus más caros deseos en relación a la salud, el dinero y el amor, incrementándose así los desvíos y la congestión vehicular durante las cinco fechas tradicionales en que se realiza incluyendo el 1o. de noviembre. Y en dondequiera que haya colonias de peruanos, los hay en los cinco continentes, también ha habido procesiones de copias de la imagen, aunque con menos gente detrás, pero llegando incluso a haberlas hasta en más de 250 ciudades.

Esta tradición religiosa se inició en 1655 debido a un terremoto que dejó más de 10 mil muertos y derribó casas y templos de Lima y la ciudad vecina del Callao, pero no la pared de adobe donde estaba pintada la imagen original del Cristo crucificado cuya copia es sacada en procesión.

Lo más sensato sería que estas procesiones se realicen en fechas y horas no laborales para no perjudicar a quienes necesitan transitar por el centro de Lima para ir a trabajar, estudiar o regresar a su hogar. Las autoridades civiles tendrían que ponerse de acuerdo con las eclesiásticas. Eso sí sería un “milagro”.

Como en otros países, también hay otros íconos religiosos nacionales a los cuales rogar por un milagro como por ejemplo, Santa Rosa y San Martín de Porres, la Beatita de Humay, Sarita Colonia.

¿Qué son los milagros?

Pero, ¿desde cuándo y por qué se cree en milagros?

En los albores de la humanidad, ésta creía que lo que sucedía en el mundo material y natural era debido a la influencia de seres espirituales incorpóreos. Es decir, cuando hace su aparición el ser humano, éste buscó explicar los diversos fenómenos naturales y sociales en base a la intervención de fuerzas invisibles pero poderosas: seres sobrenaturales y/o divinos. Así, el hombre adjudicaba al Destino, a los espíritus de la naturaleza o los dioses la ocurrencia de desastres naturales, enfermedades o invasiones enemigas.

Conforme evolucionó el conocimiento humano se llegó a entender mejor --gracias a la razón y la ciencia-- como funcionaba el mundo y la sociedad, haciendo que el ámbito de lo divino fuera relegándose más y más. Pero la verdad es que tal conocimiento no ha sido homogéneo para todos y de esa forma para los miembros de las llamadas culturas primitivas o primarias la observación de una foto, video o un avión volando podría interpretarse como un portento extraordinario.

Inclusive no solamente en el mundo subdesarrollado sino también en el súper industrializado se puede escuchar decir: “se salvó de morir ahogado de milagro”, “de milagro aprobó el curso”, “de milagro no le atropelló el carro”, etc. Claro que muchas veces se quiere decir con estas frases simplemente que por poco alguien muere por ahogamiento, de casualidad o con las justas alguien, sin haberse preparado, no reprobó un examen o alguien casi fue atropellado por un auto.

Y, por supuesto, se habla alegóricamente al decir: “el milagro de la vida” en relación al nacimiento de un o una bebé, o “los milagros de la ciencia” cuando se habla de los grandes y recientes avances científicos, especialmente en el campo de la medicina.

Entonces, ¿qué es el milagro? Para los fines del presente artículo nos interesa el milagro, definido éste clásica y comúnmente como la intervención extraordinaria de Dios en el mundo y en la vida humana aún en contra de las leyes naturales y de lo posible. 

Muchos creen por fe que se produce un milagro o suceso extraordinario por la intervención no solo de Dios sino también de uno de sus intermediarios o enviados. Como es evidente lo milagroso es entendido y creído en un contexto religioso donde se asume, por fe, la intervención divina en el mundo (según el teísmo). Pero incluso hoy hay quienes quienes creen en milagros producidos por extraterrestres como respuesta de los pedidos de los terrícolas.

De ese modo se habla de curas milagrosas de enfermedades comunes o mortales, la supervivencia increíble ante situaciones extremadamente peligrosas o la transformación radical de la conducta de una persona. 

Curaciones milagrosas

Lo que usualmente se llama curación milagrosa no es más que la interpretación errónea de cómo funciona el cuerpo y la mente de los seres humanos. Es decir, mucha gente al acudir a un sanador, sea psíquico o religioso, dice haberse curado. Pero lo cierto es que en la mayoría de los casos lo que sucede es que el sujeto enfermo cree sentirse mejor, esto es, en primer lugar puede estar muy predispuesto a sugestionarse tanto que su cerebro así se lo indica al cuerpo. El cerebro posee sus propios analgésicos pero eso no significa que cure, por ejemplo, infecciones bacterianas.

Con todo, ¿acaso la Iglesia católica no tiene un comité médico que investiga los milagros para aceptarlos o no como tales? La verdad es que tal comité está conformado por galenos creyentes y claro está por sacerdotes, así, las conclusiones que favorecen la idea de milagros "reales" en sus procesos de canonización no son prueba de que los ha habido (como tampoco las afirmaciones de que los realizaba el santón hindú Sai Baba). Otra sería la explicación por parte de médicos y científicos que simplemente se atuvieran a los hechos y al método científico y que no partiesen de supuestos o relatos religiosos. 

Las curaciones por fe, es decir, las que se realizan por medio de rezos, sin fármacos y sin control médico alguno, no son algo nuevo en nuestro medio. Hace tiempo que existen en el Perú grupos religiosos, como es el caso de los pentecostales evangélicos y los carismáticos católicos,  que practican no sólo la «sanación» del alma sino también la del cuerpo por medio de la imposición de manos sobre -generalmente- la cabeza del creyente (práctica también antiquísima registrada, por ejemplo, en los escritos bíblicos). En esta clase de curaciones -que van desde un simple dolor de cabeza a la desaparición de tumores- al ser invocada la Divinidad se habla de «milagros».

Pero el mismo suceso que para los creyentes es un acontecimiento "extraordinario" puede entenderse de otro modo: en base a la razón y el conocimiento científico de la realidad natural y humana. Así, no todos los que sufren de cáncer, han caído en coma o han sido desahuciados tienen que morir irremediablemente: no todos reaccionan por igual ante la misma enfermedad, grave o no, ni ésta tiene la misma duración o consecuencias en todos los que la padecen, por ejemplo, los males producidos por los virus de los muy temibles ébola, sida o covid-19, o ante la exposición a gérmenes comunes. Las defensas ante las enfermedades no son iguales para todos por razones genéticas o ambientales. Y el hecho de que no se conozca una explicación para una una curación ahora no significa que no la tenga mañana o simplemente no la conocen algunos médicos y otros sí (no es raro que haya diagnósticos errados, que dos médicos hagan diagnósticos diferentes o que haya unos más especializados o acertados que otros; también es sabido que el estrés y las preocupaciones disminuyen nuestras defensas y nos hacen susceptibles a enfermarnos y, a la vez, el estar en un ambiente sano, agradable y relajado puede ayudarnos a defendernos mejor, hasta cierto punto, de diversos males).

¿Qué de los casos donde muchos dicen haber sido curados hasta de tumores? La verdad es que una enfermedad o bien se agrava o bien desaparece sea que se haya pedido la intervención divina o no y eso es porque no todos tenemos la misma resistencia a ellas. Imaginemos por ejemplo que alguien estornude en este salón hoy día y más tarde o mañana quizá alguno de nosotros aparezca con algún síntoma del resfrío como fiebre, dolor de cabeza, cansancio o estornudo. Pero no todos nos resfriaremos. Así también no todos reaccionamos igual ante las mismas enfermedades por más graves que éstas sean.

Sobrevivencias milagrosas

Ahora bien, también se confunde con un milagro o un hecho portentoso la supervivencia increíble de alguien que se haya librado de la muerte durante determinadas circunstancias como un desastre natural, un accidente o un ataque armado por parte de delincuentes o soldados en una guerra. Pero eso simplemente indica que se desconoce cómo funcionan las cosas: no todos morirán en un derrumbe de una casa por un terremoto, un incendio, un atropello, un choque de auto, la caída de un avión (hasta cierta altura), el hundimiento de un navío, una balacera, etc., etc. Eso depende de las circunstancias, del grado del desastre y del azar. Por ejemplo, en la película Tiempos violentos, John Travolta y Samuel Jackson interpretan a dos mercenarios a los que de repente les dispara una de sus futuras víctimas pero ninguna bala les cae. Jackson, que interpreta a un criminal que cita la Biblia antes de matar a alguien por encargo, dice que ha sido por un milagro divino. Una vez más la explicación es que la persona que les disparó estaba tan asustada que apretó el gatillo sin apuntar y al azar. Y eso es lo que nos demuestran los reportes de los combates en donde no todos mueren y si hay muchísimos heridos y mutilados.

Otros ejemplos: si en este momento hubiera un terremoto de gran magnitud y se cayera la casa donde estemos se podrán salvar los que estén más cercanos a la puerta y, claro, la puedan abrir durante su desesperación en salvarse. En un incendio en un edificio uno puede retardar la asfixia poniéndose un pañuelo húmedo sobre la nariz y la boca. De hecho nadie se ha podido salvar al explotar o fallar un avión y caer de una gran altura, otra cosa son los casos de desperfectos al despegar o aterrizar donde hay más probabilidades de salvarse y eso depende de dónde esté el asiento que se tenga y qué parte del avión choque.

Además la fortaleza corporal y ciertas circunstancias favorables explicarían el hecho que algunas personas no mueran o sufran gran daño, sin haber rezado a nadie, al caer de cierta altura de un edificio, montaña o avión, sufrir un accidente de tránsito, etc.. Tampoco es imposible que en situaciones de peligro se den esfuerzos inusuales al levantar objetos pesados más aún ayudados por maniobras tipo palanca u otras similares. Y que alguien afirme que escucha o ve a Dios o a extraterrestres no es prueba de ello sino de que existen las sugestiones, las alucinaciones, las enfermedades mentales así como las mentiras y los fraudes.

Sobre el caso del supuesto y famoso milagro del amputado de Calanda (España) que luego recobró su pierna hace más de 4 siglos diremos que eso se puede explicar de más de una forma: 1ro. En realidad, nunca perdió la pierna y cansado de mostrarse como amputado --quizá ocultaba la pierna "faltante"-- se decidió a caminar con las dos piernas, 2do. el relato no describe al detalle la nueva pierna así que no podemos afirmar si realmente le salió una pierna completa, tampoco nos dice la edad del protagonista, etc. Así que afirmar que un suceso ocurrido hace cerca 500 años fue milagroso es difícil por no decir dudoso. Peor aún si pasó hace 2000 años. 

Transformaciones milagrosas

En cuanto a la llamada transformación radical de la conducta, muchos creyentes se la atribuyen a la misericordia divina. “Yo antes era un alcohólico (o drogadicto, prostituta, adúltero, homosexual, embustero, ladrón, abusivo, violento, asesino,  etc.) y ahora ya no lo soy”, dice el converso. Sin embargo, eso solamente nos indica que la gente es capaz de darse cuenta de lo que hace y, así, dejar ciertos hábitos y costumbres, es consciente que puede cambiar, de modo muy temporal o duradero, y simplemente necesitaba los estímulos y los deseos apropiados. A lo más, la creencia de que Dios lo perdona o lo cuida a uno puede ser un buen refuerzo psicológico pero eso no significa que un ser sobrenatural realmente haya intervenido. Eso muy bien se ve en otras religiones o en casos donde uno puede dejar alguna adicción o conducta mal vista por la sociedad simplemente porque se da cuenta de la necesidad de cambiar, se ha cansado de la vida que lleva, y que le ha causado más pesar que placer, o porque le pasó algo "extraordinario" como una terrible desgracia personal o familiar o algo muy placentero como un simple enamoramiento o tener descendencia.

Entonces vemos una vez más, que los llamados milagros no lo son, simplemente son fenómenos que tienen una explicación racional, natural o humana.

Resurrecciones y apariciones milagrosas 

Pero ¿qué de los diversos reportes de casos supuestos de resurrección de los muertos y apariciones milagrosas por todo el mundo? Una vez más el que haya testimonios orales o escritos que digan que ocurrieron no significa que realmente sucedieron. ¿Pero acaso no sabemos de casos actuales de resurrecciones? Lo que se conoce como tales en realidad son ejemplos de personas que han sufrido un gran traumatismo y su respiración y ritmo cardíaco han disminuido en gran manera. Hay algunos que pueden incluso resistir muy bajas temperaturas y ser “resucitados” por la ciencia médica luego de incluso de algunas horas, pero no después de tres días.

Nadie puede ir a una morgue o un cementerio y resucitar o pedir a los cielos que devuelva la vida de un cadáver putrefacto, no obstante, los muchos relatos míticos de diversas religiones.

En cuanto a las apariciones milagrosas de alguna divinidad, éstas se pueden explicar de más de un modo: simples alucinaciones del cerebro, sueños confundidos con sucesos reales, paraedolias por las cuales nuestra mente cree ver en diversas cosas sobre la tierra, rostros de divinidades o santos, o interpreta ciertos fenómenos y objetos, que no puede identificar en los cielos, como señales divinas. Y también, por supuesto, están no solo los auto engaños involuntarios sino también la mentira y el fraude adrede en búsqueda de ganancias, atenciones y fama personal.

La imposibilidad lógica de los milagros

Entonces lo milagroso es lo imposible: que a un ser humano se le regenere un miembro perdido, mutilado o amputado, sea un brazo o una pierna, que alguien pueda flotar o volar si ningún aparato, o haya muerto y en estado de descomposición vuelva a la vida, pero como hemos visto hasta ahora eso no está demostrado realmente haya pasado.

Incluso si aceptáramos por un momento la existencia teísta de lo sobrenatural o divino caeríamos en una gran contradicción creer que haya milagros debido a las respuestas a los rezos contradice la creencia en un dios todo amoroso, sapiente y poderoso: ¿un ser así sólo haría uso de vez en cuando algo de su ilimitado poder? ¿Necesitaría que las débiles criaturas humanas le implorasen su ayuda? ¿Y qué de los miles de creyentes que le rezan en todo el mundo y a diario por su salud y vida y que las pierden ante las enfermedades, las inclemencias de la naturaleza y las injusticias humanas? ¿Cómo es que un dios que es tanto todo amoroso como omnipotente hace de vez en cuando pequeños milagros a pedido de sus fieles? Esto es, si hay un ser así no necesita que se le pida que haga cosas buenas por sus indefensas criaturas. Un padre normal común y corriente no necesita que su hijo enfermo o en peligro le suplique o le diga que cree en él para que le lleve al médico o le socorra. Por otro lado, hemos visto que el que alguien se salve de un desastre o accidente grave no es nada del otro mundo así que si hubiera un ser todopoderoso no sólo salvaría a unos cuantos sino a todos los pasajeros de un avión no sólo que falla al despegar o aterrizar sino al explotar o caer de gran altura. No sólo un ser así salvaría a uno de sus fieles en una masacre sino a todas las víctimas.

Pero si no está demostrado realmente que existan los milagros ¿por qué persiste esta creencia incluso en partes de los EEUU, un país rico y desarrollado? La respuesta estaría dada por su larga tradición de libertad religiosa que se remonta a sus orígenes, cuando llegaron los primeros colonos, y que permite la supervivencia y el surgimiento de toda clase de doctrinas. 

Milagros, fe y razón

Entonces, la idea de milagro es más aceptable en un contexto donde la creencia en Dios o dioses que intervienen en el mundo es tradicionalmente transmitida a pesar de que se pueda vivir incluso en una cultura científica y tecnológica. De tal modo lo milagroso y lo sobrenatural serían lo inexplicable científica y racionalmente. Su creencia sirve de consuelo y esperanza para el creyente y así tiene un gran atractivo. Si estamos enfermos y no tenemos dinero para comprar medicinas o el médico nos ha desahuciado tenemos al milagro como posible recurso. Si hemos perdido el trabajo, o no somos correspondidos sentimentalmente también el recurrir al milagro "podría ayudar" a encontrar uno o a ser amados.

Pero lo cierto es que sea que pidamos o no un milagro o de que exista o no: si estamos enfermos, puede suceder dos cosas, o nos curamos o no nos curamos y, a su vez, si no nos curamos y empeoramos aún podemos curarnos o finalmente morir; si no tenemos trabajo puede que busquemos, consigamos o creemos uno o no; y si amamos a alguien esta persona puede correspondernos en algún momento o nunca. Sucederá o lo uno o lo otro.

De otro lado, el milagro es algo no sólo posible sino real, siempre y cuando se tenga fe en que fuerzas misteriosas y/o seres invisibles intervienen en el transcurrir natural de los fenómenos del mundo en que vivimos. Para los que usan la razón no está comprobada la existencia de tales entes. Y la “aparente” ausencia de milagros en este siglo para muchos creyentes se debe a que ya hubo suficientes en el pasado, o porque los que dicen que no hay Dios son incapaces de aceptar lo sobrenatural, o porque por prejuicios no se ha estudiado e investigado lo suficiente el tema. 

Es cierto además que "quien quiera encontrar milagros" "los hallará" pero con la observación de que siempre y cuando su razón esté sojuzgada por su fe. Y si bien la creencia en los milagros es un consuelo ante una dolorosa y avanzada enfermedad, sobre todo para los que tienen limitaciones económicas, puede llevar a los que creyentes a abandonar su búsqueda de soluciones para sus problemas terráqueos de salud, dinero y amor, así como su lucha por una sociedad más justa y solidaria.

El que mucha gente alrededor del mundo sinceramente crea haber visto fantasmas, duendes, extraterrestres, una presencia (semi) divina o diabólica a su lado o allá afuera o arriba, al sol bailar, etc. no significa que lo hayan realmente visto. Simplemente demuestra que las personas interpretan fenómenos naturales como sobrenaturales o paranormales.

También es cierto que la ciencia no explica todo y que es falible. Pero gracias a ella entendemos mejor cómo funciona la naturaleza y la sociedad sin necesidad de recurrir a lo sobrenatural o divino.

Para los de mentalidad escéptica, científica y/o naturalista, quienes no creen en lo sobrenatural, como no hay dios(es) no hay milagros, no existirían, serían simples interpretaciones erradas de sucesos normales y comunes, o en todo caso, exagerados o tergiversados que tendrían explicaciones racionales si no ahora en el futuro a falta de mayores datos, pruebas o conocimientos pero que una vez obtenidos serían perfectamente comprensibles.


(Publicado simultáneamente en Pensar, revista iberoamericana para la ciencia y la razón: https://pensar.org/2022/11/milagros-fe-y-razon/).

  Ir a NEO-SKEPSIS # 14


LOS MILAGROS DESDE EL ESCEPTICISMO

Procesión de la Virgen de la Asunción de Huata, Ancash (tomado de www.elincape.com)

Dante Bobadilla Ramírez
Doctor en Psicología por la Universidad de San Martín de Porres
Correo-e: dantebobadilla@aol.com

 

Resumen: Los milagros constituyen la base de todas las religiones. Cada una de ellas parte de un hecho milagroso, básicamente como una revelación hecha por un arcángel o el mismo Dios que da instrucciones al personaje elegido para fundar la fe o reformarla de su desviación. En adición tenemos los milagros efectuados por el propio profeta o por su intercesión. Luego están los milagros que los creyentes piden a Dios -o algún personaje divinizado que posee la capacidad de interceder ante Dios- y que son eventualmente concedidos. Cabe añadir que los milagros son siempre buenos. Ningún evento malo, por sorprendente que resulte, puede asumirse como un milagro. Luego resulta que los milagros más comunes de nuestros tiempos son las sanaciones o curaciones milagrosas. En un análisis de todos estos hechos, desde la perspectiva de la psicología, veremos que hoy tenemos mejores explicaciones para los hechos milagrosos referidos por la mitología de las religiones. También veremos que las creencias de la gente hacia los hechos milagrosos no son únicamente de naturaleza religiosa. Por último, hallaremos que las curaciones de enfermedades comunes, por más espectaculares que resulten, no tienen nada de extraordinarias para un organismo vivo.

Palabras clave: milagros, creencias, misticismo, psicosis religiosa.


 MIRACLES FROM A SKEPTICAL POINT OF VIEW

Abstract: Miracles are the basis of all religions. Each one of them starts from a miraculous fact, basically as a revelation made by an archangel or the same God that gives instructions to the chosen personage to found the faith or to reform it from its deviation. In addition we have the miracles performed by the prophet himself or through his intercession. Then there are the miracles that the believers ask God - or some divinized personage who possesses the capacity to intercede before God - and that are eventually granted. It should be added that miracles are always good. No bad event, no matter how surprising, can be assumed to be a miracle. Then it turns out that the most common miracles of our times are miraculous healings or cures. In an analysis of all these facts, from the perspective of psychology, we will see that today we have better explanations for the miraculous events referred to by the mythology of religions. We will also see that people's beliefs towards miraculous events are not only of a religious nature. Finally, we will find that the cures of common diseases, however spectacular they may be, are nothing extraordinary for a living organism.

Key words: miracles, beliefs, mysticism, religious psychosis.

 

---------------------------------------------------------------------------------------------

 

Como ocurre con casi todas las palabras de origen remoto, “milagro” es una palabra difícil de definir en estos tiempos, de acuerdo a los usos que se hacen de él. En sus orígenes servía para expresar el asombro que causaban ciertos sucesos insólitos o inexplicables como un eclipse, por ejemplo. Hoy se aplica indiscriminadamente a toda clase se sucesos sorprendentes, desde la salida del sol hasta el nacimiento de un bebé. De este modo, resulta un tanto problemático usar un enfoque específico para ocuparnos de un tema ya de por sí complicado, dado que, al parecer, cada quien tiene su propia manera de entender este concepto, así como de aplicarlo en su vida diaria. Digamos que es una palabra muy manoseada popularmente.

Sin embargo, tampoco podemos ignorar que el uso más extendido a lo largo de la historia, y el más impactante y comprometedor para las personas ahora mismo, es el empleo del concepto “milagro” en el campo de la religión, donde sirve para señalar un hecho prodigioso de curso sobrenatural atribuido al poder de un personaje místico, o incluso a algún tipo de expresión material referida a dicho personaje, como su imagen o estatua. En este caso, el poder milagroso ya no solo le pertenece al personaje en sí, sino también a su imagen, estatua, cruz o cualquier otro material referido a él y que haya sido usado o tocado por él, como, por ejemplo, el manto de la Virgen, la cruz de Cristo, la tierra de Lourdes, etc. Evidentemente la superchería mística en este sentido es muy amplia y carece de límites. Está abierta a la imaginación. Cualquier cosa referida a un ser divinizado adquiere también propiedades milagrosas.

En este punto sería interesante detenernos a analizar la diferencia sustancial entre estos objetos místicos dotados de poder, y los amuletos comunes y corrientes. ¿No vienen a ser lo mismo? ¿Qué hace que un par de maderos cruzados en forma de cruz se convierta en objeto venerable y milagroso, al punto de generar su propio culto y su propia feligresía, con peregrinos incluidos, como ocurre con la cruz de Chalpón? Se trata, obviamente, de un fenómeno que ocurre tan solo en la mente de los creyentes. Una cruz de madera no tiene nada de especial. Tampoco debería evocar únicamente a la cruz de Cristo, cuando se trata de un instrumento de tortura y muerte usado ampliamente por los romanos durante un siglo. Pero resulta curioso comprobar que una cruz, despojada del cuerpo del crucificado, por sí sola genere veneración, culto y peregrinaje, atribuyéndosele incluso poderes milagrosos. Sin duda, este fenómeno se inscribe en la misma categoría de las supercherías místicas más paganas. Es el culto a los objetos por sí mismos. A esto habría que añadir el extendido culto católico por las imágenes. Podría alegarse que una cruz vacía no es lo mismo que la imagen de un Cristo crucificado. No lo es, ciertamente, pero sí lo es en tanto objeto de culto y veneración. ¿Qué le confiere a una imagen y no a otras la categoría de “milagrosa” si no es la mera creencia popular? ¿Por qué ciertas imágenes en particular resultan más venerables que otras? Y lo mismo ocurre con las once mil vírgenes que con diferentes denominaciones y vestimentas son adoradas de distintas maneras, aunque, al final del día, representan a la misma persona. ¿Por qué una Virgen tendría que ser más milagrosa que las otras si son la misma persona? Lo que resulta curioso es comprobar que el fetichismo religioso se fija en una imagen en particular, aparentemente desvinculada de su referente divino. Es esta imagen y no las otras.

Pareciera que estamos haciendo preguntas banales y hasta infantiles. Pero me parece un necesario inicio para reflexionar alrededor de las conductas humanas vinculadas a los actos de fe. Porque al final, de lo único que se trata es de conductas humanas, de creencias humanas sustentadas en la instrumentalización de una serie de objetos sacralizados que en nada se diferencian de las supersticiones de otro cuño, como las que se observan alrededor de talismanes, amuletos y cábalas. Las chucherías de fe que se le ofrecen a los creyentes religiosos no tienen mayor diferencia con los objetos mágicos que se les ofrece a los demás. Aunque en la mayoría de los casos se trata de las mismas personas, ya que no es raro descubrir personas que creen en toda clase de poderes misteriosos, desde los místicos y milagrosos, hasta los mágicos. Y así como tienen en sus casas imágenes “sagradas” de cristos y vírgenes, también tienen elementos “protectores” como ramas de ruda o plantas de maguey, entre muchas otras. Todas estas conductas místicas y mágicas suelen girar sobre el mismo eje de racionalidad vinculada a la relación con lo misterioso, oculto y sagrado. Una conducta tan antigua como los rituales más paganos y tribales registrados por la historia de la humanidad. Apenas hemos cambiado en este aspecto en los últimos diez mil años. Lo único que ha cambiado es el mito que racionaliza estas conductas, la creencia que las justifica. Hay milenios de mitología detrás de las actuales conductas de veneración y culto de seres y objetos en busca de milagros y poderes ocultos. Hay algo muy arraigado en la racionalidad humana que insiste en el vínculo con lo desconocido, lo ignoto, lo “sagrado” y el más allá. Nos gusta la idea de que hay algo fuera de esta realidad, que hay poderes ocultos gobernando el mundo, que convivimos con seres mitológicos de naturaleza distinta. Los hemos imaginado siempre, desde los tiempos de los dioses, titanes y cíclopes hasta los tiempos modernos con aliens, zombies y súper héroes. Parece ser una tendencia natural de la fantasía humana llevarnos a convivir con seres imaginarios y fabulosos como hadas, ángeles, brujas, duendes, gnomos, etc.

Más que ocuparnos únicamente de los milagros -en tanto hechos supuestos- tendríamos que ocuparnos también del poder milagroso atribuido a todos estos personajes y elementos propios de las creencias populares, las cuales han sido alimentadas durante siglos por ciertas religiones, muy especialmente la católica. La mitología propia de cada religión está salpicada de hechos milagrosos. Son su fundamento. De hecho, los milagros efectuados por Cristo y narrados en los evangelios oficiales del Nuevo Testamento, son la base de la fe de todo el cristianismo. Luego vienen los milagros que la Iglesia católica le atribuye a los santos, la Virgen, la cruz o incluso al santuario de Lourdes, donde se registran miles de supuestos milagros médicos. En añadidura están los milagros que la gente asegura haber presenciado y que la Iglesia confirma, especialmente cuando sirven para aportar a la causa de canonización de un nuevo santo. En resumen, tanto para la Iglesia católica, pero también para el islam y otras religiones, los milagros no solo existen, sino que constituyen la base de toda su fe. Son la expresión materializada de la intervención de Dios sobre los hombres.

Nuestra postura tiene que ser de escepticismo ante semejante proliferación de mitos. Y cuando digo “escepticismo” me refiero a una actitud racional y científica, que exige evidencias a las afirmaciones y antepone las pruebas antes que las creencias. El escepticismo es una actitud cautelosa que surge de la duda frente a las afirmaciones, especialmente cuando estas no vienen acompañas de evidencias categóricas y contrastables. Pero también cuando las explicaciones no se sustentan en la realidad ni en la racionalidad empírica, sino en la metafísica y la fe. Hace falta despojarse de esa especie de necesidad muy humana, que lleva a creer en la posibilidad de un ser superior que puede llegar en nuestra ayuda con solo invocarlo, como si fuera Batman. Si alguien espera esa ayuda y vive entregado a las oraciones, estará muy inclinado a creer que, en efecto, esa ayuda llega en la forma de hechos milagrosos. Un escéptico, desde luego, no cree en posibilidades misteriosas que no tengan sustento en la realidad, y busca explicaciones lógicas para entender los fenómenos. Esta es la actitud con la que enfrentamos los milagros.

Bastaría con analizar fríamente los hechos más trascendentales detrás de la mitología de cada religión. Es evidente que todas las religiones emplean los milagros en su narrativa particular como un ardid para convencer a los creyentes. Incluso muchos profetas inician su conversión luego de experimentar un suceso extraordinario que es interpretado como un mensaje de Dios. Es el caso de Pablo de Tarso quien, tras caer del caballo camino a Damasco, quedó ciego y aturdido por varios días, para luego despertar convertido al cristianismo luego de que sus cuidadores le advirtieran que su accidente fue producto de un castigo de Dios por perseguir a los seguidores de Cristo, su hijo amado. El mismo Pablo, convertido ya, narró que oyó la voz de Cristo preguntándole por qué lo perseguía. ¿Qué hubo detrás de esta extraña y repentina conversión de Pablo? ¿Un temor al castigo divino que acababa de sufrir cayendo del caballo? ¿Una excusa cobarde para justificar su conversión de perseguidor a seguidor del cristianismo? ¿Algún otro tipo de fenómeno mental debido al trauma sufrido? El hecho es que, tras el accidente asumido como hecho milagroso, Pablo no solo se convirtió al cristianismo sin haber conocido ni oído jamás a Cristo, es decir, sin conocer su mensaje, sino que luego se erigió en nada menos que el artífice de toda la teología cristiana hasta el presente, pasando incluso por encima de lo que Cristo dijo, pues se refirió a asuntos que Cristo jamás había abordado, como la sexualidad. Eso sí que parece todo un milagro. Más aún, considerando que Pablo de Tarso era un analfabeto y un sujeto muy rústico. Sin embargo, su obra teológica (si así se le puede llamar) es más trascendental e influyente que las de San Agustín y Tomás de Aquino.

Algo similar ocurre con Martín Lutero, quien tras salvarse por un pelo de ser impactado por un rayo mientras caminaba por el campo sumergido en sus meditaciones teologales, decide que esa era una señal de Dios que lo impelía a reformar la fe desviada por Roma. Muchos son los casos en que un evento natural de lo más corriente, es asumido por el personaje penitente o atribulado por ideas religiosas, como hecho milagroso y mensaje divino para luego transformar su existencia y dedicarse a la formación de una nueva fe. Como vemos, una parte esencial de toda fe o religión es surgir de un hecho milagroso asumido como voluntad de Dios. Y no es raro además hallar que, el elegido por Dios, escuche la voz divina dándole órdenes.

En la mitología del islam, Mahoma es visitado por el arcángel Gabriel, quien le narra todo el Corán para que lo memorice por completo. Se supone que una prueba de la veracidad de este hecho prodigioso es que Mahoma era un hombre ignorante que no sabía leer ni escribir y que, por tanto, nunca pudo haber leído las escrituras. En consecuencia, el Corán tiene que ser un texto original dictado a Mahoma por Dios, a través del arcángel Gabriel, para que luego Mahoma lo fuera predicando por el desierto, a medida que sometía a los pueblos bajo su espada con el pretexto de una nueva fe ordenada por el mismísimo Dios. Según se dice, sus seguidores o esclavos tomaban nota de las alocuciones del profeta en toda clase de medios, como huesos, papiros o tablillas de arcilla, etc. Esto ocurría cada vez que el profeta tenía una revelación. Muchos años después de la muerte de Mahoma, uno que otro califa se dio a la tarea de recopilar los textos desparramados de las recitaciones del profeta y armar una versión unificada que se llamó el Corán, o “la recitación”. Pero, desde luego, no hubo solo una versión de estos textos recopilados. De hecho, aparecieron varios, hasta que el califa Utmán ibn Affán decidió establecer su versión como la única. De todos modos, no hubo una versión final hasta el año 900, es decir, casi dos siglos después de la muerte del profeta Mahoma. Los sabios del Corán tuvieron la precaución de eliminar todos los textos previos para que no existieran desavenencias sobre el mensaje del profeta. De modo pues que no existen rastros de los textos originales y solo queda confiar en que todo ese sancochado de versiones recogidas y traducidas, representen el auténtico mensaje del profeta y que su memoria haya almacenado fielmente el mensaje de Dios dictado a través de su arcángel Gabriel. No sé cuánto de milagro pueda caber en toda esta historia del islam. Peor aún, no me imagino cuánto del mensaje que en el siglo VI dictara Dios a Mahoma para aplastar pueblos enteros, puede quedar en el Corán que hoy memorizan los niños del mundo árabe. Curiosidades de la historia de la humanidad.

En la mitología de los mormones, el profeta Joseph Smith es visitado por un ángel de nombre Moroni, quien le revela unas sagradas escrituras conservadas ocultas en tablas de oro, para ser traducidas y mostradas al pueblo, y así restaurar la Iglesia de Cristo en América. No voy a extenderme en el relato de más hechos milagrosos que sustentan a las demás religiones. Sería de nunca acabar, considerando tan solo en los EEUU existen unas 1,500 iglesias, sectas y congregaciones religiosas, cada una surgida a partir de hechos milagrosos y con profetas que tuvieron revelaciones de Dios y cuyas actividades están plagadas de milagros. Algunos incluso ocurridos en pleno culto televisado a millones de espectadores ansiosos de recibir el don de Dios a través de la pantalla de su televisor, a la cual tocan con los ojos cerrados invocando el poder de Cristo y repitiendo las palabras mágicas dictadas por el telepredicador.

En este breve recuento hemos apenas mencionado los orígenes de algunas conversiones muy famosas, que dieron origen a religiones muy amplias como el cristianismo y el islam. Lo hemos hecho sin apelar a otras interpretaciones que no son tan descabelladas, como las del enfoque clínico psicológico. A la luz de lo que hoy sabemos, es evidente que muchos personajes místicos de la historia -y que son venerados como santos o profetas- han padecido algún tipo de trastorno mental. Las historias narran que estos personajes alucinaban, oían la voz de Dios y veían a los ángeles, recibían órdenes y se lanzaban a misiones suicidas para acatar la voluntad de Dios. Este tipo de desórdenes mentales todavía son muy comunes en estos tiempos y son tratados médicamente. Hoy se rotulan como psicosis religiosa. Podríamos solo mencionar a dos personajes como ejemplo, con muy evidentes síntomas de psicosis religiosa como las que padecían Juana de Arco y Santa Rosa de Lima, en épocas en las que el fervor religioso era una pesada tara cultural que penetraba las mentes hasta dislocar la razón. Ya sabemos que en tiempos antiguos los esquizofrénicos eran vistos como poseídos por el Demonio. Pero quienes oían la voz de Dios eran vistos como santos o profetas. Todavía está pendiente de escribirse el libro que explique cuidadosamente, desde la psicología clínica, el aporte de la psicosis, la imaginación, la fantasía y hasta del embuste en la formación de las grandes religiones presentes en la actualidad. Incluso añadiría el estudio de la misma religión como una forma de locura colectiva consentida y privilegiada. ¿De qué otra manera podemos llamar al culto a las imágenes, a seres imaginarios, así como los pedidos de milagros y la creencia en ellos, más allá de toda razón y de toda evidencia? ¿Cómo calificar a una sociedad -o parte de ella- que vive organizada alrededor de mitos medievales (o aún más antiguos) y realizando cultos anacrónicos como parte esencial de su identidad en un mundo tecnificado donde la ciencia se ha hecho cargo de casi toda la existencia humana moderna?

No es raro que la gran mayoría de milagros se refieran a sanaciones de enfermos. Tal vez sea el más común de los milagros alegados por la gente. Pasemos por alto los hechos milagrosos que se atribuyen a meros accidentes del azar, como un bebé sobreviviente tras el choque de una van donde perecieron los demás ocupantes, o que la estatua de una virgen quede en pie tras el derrumbe de una iglesia o que el rostro de Cristo aparezca en una tostada. Todos estos hechos de lo más circunstanciales, azarosos y triviales son empleados por mucha gente para atestiguar un milagro. Pasemos a las curaciones milagrosas. ¿Qué hay de especial en las curaciones de enfermos para que sean atribuidas a milagros? Hasta donde se sabe, a ningún amputado por un accidente le ha vuelto a crecer un miembro. Tampoco hemos visto resucitar a nadie que haya sido declarado clínicamente muerto. Pero se habla de milagro cuando un equipo médico logra una proeza científica. Se aduce que Dios guio sus manos. Sin embargo, nadie culpa a Dios por los fracasos médicos. A Dios solo le pertenecen los éxitos. Los fracasos son del Diablo o de la falta de fe. Pero hay muchas sanaciones supuestamente milagrosas. Los milagros de sanación se refieren a cosas menos espectaculares que la generación espontánea de un nuevo miembro para un amputado. Son más como la cura de un cáncer. Sin embargo, nadie puede explicar por qué unos se curan y otros no. A menos que se apele a la falta de fe. No obstante, los hospitales están repletos de enfermos llenos de fe que merecen milagros de curación y siguen allí sufriendo ante la indiferencia de su divinidad. Ni siquiera los enfermos que son sacados de un hospital para venerar la “sagrada imagen” del Señor de los Milagros reciben el don de la sanación por mucho que rueguen de rodillas y con fervor. No parece haber pues demasiado interés en Dios para aliviar el dolor de millones de personas dolientes en este mundo que creen fielmente en Él. Y, sin embargo, se habla de milagros de curación por doquier.

Creo que no somos pocas las personas que alguna vez hemos sido testigos de una curación sorprendente. Personas que parecían estar al borde de la muerte, y cuyos familiares se preparaban para el peor desenlace, de pronto recobran la salud, aun contra las expectativas de los médicos. Lo acabo de ver en esta pandemia no una sino tres veces. Yo mismo sobreviví de niño, luego de haber sido desahuciado por la medicina. Mi abuela había llegado a Chimbote ante el llamado de mi madre por la gravedad de mi estado. Ya sin esperanzas, mi abuela y mi madre decidieron llevarme a Huaraz para ser enterrado allí, en la tierra de mi familia materna. El hecho prodigioso ocurrió en plena travesía de la puna. Según la leyenda familiar, de pronto abrí los ojos y pedí Coca Cola. Había ocurrido un milagro. Me curé por intercesión de la Virgen cuya estampa mi abuela me había puesto sobre el pecho. Desde entonces las peregrinaciones de mi familia al santuario de la Virgen de Huata se hicieron comunes para mí por algunos años.

¿Por qué las sanaciones son el milagro más corriente? Por una simple razón: el organismo humano (como los demás) está hecho para curarse por sí mismo de muchas afecciones. Es parte de nuestra naturaleza combatir las enfermedades que atacan a nuestro organismo. El cuerpo lo puede hacer. Es parte de sus funciones. Para eso tenemos una variedad de sistemas defensivos. Aun cuando la medicina ya no vea formas de tratar un mal, el cuerpo puede reaccionar y vencer. Es sorprendente, pero no es un milagro. A esto cabe añadir los errores médicos, que no son pocos. El primer error es un diagnóstico equivocado. El otro es asumir, por parte de médicos creyentes y hasta fanáticos de la fe (que no son pocos), que el tumor que ayer estaba en la imagen y que hoy ya no se aprecia, es producto de un milagro. En lo personal, prefiero creerles a las personas que atribuyen su curación a algún brebaje o hierba que han estado consumiendo con dedicación. Eso es más factible que un milagro.

Pero los milagros seguirán siendo invocados para reforzar las creencias de fe y para seguir esperando la ayuda de un ser divino como última esperanza. Otros lo usarán para darle gracias a su creador por cada día que amanece, porque el amanecer les parece un milagro. Sea como fuere, los milagros son parte esencial de la fantasía humana con la que muchos completan y alegran la fría realidad que nos ha tocado vivir en este mundo. No olvidemos que el mundo de los seres humanos, aquel en el que vivimos como humanos, se construye en la conciencia y es muy diferente al mundo real que nos rodea. Ese mundo está hecho básicamente de fantasía y se construye con palabras, más que con señales reales. La palabra y la fantasía son los principales ingredientes para construir la realidad humana en las conciencias individuales y en el mundo cultural exclusivo de los seres humanos.

Lima, 2 de noviembre del 2022

 Ir a NEO-SKEPSIS # 14



 

CREER EN MILAGROS: UNA MIRADA CONDUCTUAL

Conversión de Saulo por Caravaggio (c. 1600)

 

William Montgomery Urday
Doctor en Psicología y Profesor Asociado, Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Correo-e: wmontgomeryu@unmsm.edu.pe

 

Resumen: La presente aproximación busca contestar brevemente tres preguntas desde la óptica de un psicólogo conductual: ¿qué son los milagros y cómo se manifiestan? ¿por qué la gente cree en milagros? y ¿puede la ciencia del comportamiento dar cuenta de los milagros? adicionando algunas reflexiones sobre la posibilidad de que una “alfabetización científica” acompañada de valores pueda tener un papel más importante en la sociedad.

Palabras clave: Creencia, milagros, conducta, ciencia, escepticismo.

 

BELIEVING IN MIRACLES: A BEHAVIORAL VIEW

Abstract: This approach seeks to briefly answer three questions from the perspective of a behavioral psychologist: what are miracles and how do they manifest? why do people believe in miracles? And can behavioral science account for miracles? adding some reflections on the possibility that a "scientific literacy" accompanied by values can have a more important role in society. 

Keywords: Belief, miracles, conduct, science, skepticism.

 

Introducción

Aunque a veces la gente vinculada al ámbito académico no lo acepte abiertamente, todos vivimos en un mundo en el cual aceptamos creer en ciertas cosas sin preocuparnos de si pueden demostrarse o no. Como anota Staddon (2013), incluso en ciencias supuestamente exactas como las matemáticas según el propio Gödel lo reconocía, existen declaraciones no demostrables. Entonces, no es extraño que en la vida cotidiana la comunidad dé por sentada una infinidad de reglas de convivencia. Dichas convenciones regulan las prácticas sociales bajo el convencimiento de que son beneficiosas cuando menos para la mayoría de individuos en la sociedad de referencia.

Algunas de estas prácticas suelen enmarcarse en lo que se llama “fe”, y ésta, a su vez, en lo que se llama “religión”. Ejemplos de ello son los diez mandamientos de la religión cristiana, los cinco preceptos del budismo o la sunnah de los islámicos. Al margen de las connotaciones morales de ciertas reglas doctrinarias, la parte negativa de semejantes asuntos probablemente radica en la exagerada tendencia de los creyentes a atribuir causas y efectos misteriosos (“sobrenaturales”) a los acontecimientos que rodean a los humanos, sobre la base de simples impresiones influidas por una cosmovisión aprendida a través del condicionamiento social. Algunas veces los mitos derivados de estas cosmovisiones perjudican no solo la construcción de una adecuada representación objetiva del mundo por parte de sus creyentes (por ejemplo en cuanto al cuidado de su salud, o respecto al ejercicio de sus labores profesionales), sino que atentan contra una mínima convivencia civilizada al dogmatizarlos tanto que desarrollan conductas de lucha e intolerancia frente a los escépticos o adeptos a otras creencias. La historia está llena de hechos bélicos y de prepotencia de unos seres humanos contra otros originados por variadas disensiones de fe religiosa.

Un punto central en temas de este tipo de fe es la generalizada creencia en milagros, sobre todo en aquellos que tienen que ver con salvaciones o curaciones sin aparente explicación al alcance del conocimiento científico actual, siendo atribuidas en su mayoría al “Poder de Dios” antes que a una afortunada casualidad natural. Incluso la profesión médica es interpretada como una “agencia” que, en última instancia, cumple designios divinos (Mansfield, Mitchell y King, 2002). La encuesta de Pawlikowski, Wiechetek, Sak y Jarosz (2015) señala hasta un 88 % de sujetos —en su mayor parte católicos— con opiniones en tal sentido.

¿Qué son los milagros y cómo se manifiestan?

De acuerdo con la revisión de Pawlikowski, et al. (2015):

La palabra “milagro” proviene del latín miraculum, que se deriva de mirari (maravillarse). Por lo tanto, la caracterización epistemológica más general de un milagro es un evento que causa asombro y es de alguna manera inusual o contrario a nuestras expectativas [...] en cierto sentido más allá (por encima, en contra de) la naturaleza (p. 1114).

En tal sentido, connotación milagrosa se le puede dar a cualquier acontecimiento producido por acto humano o divino que rompa con las leyes naturales. La narrativa sobre la ocurrencia de milagros es inmensa. Jehová dotaba a las trompetas de las tropas de Josué del poder de derribar murallas; Cristo multiplicaba los panes, caminaba sobre el agua y resucitaba muertos; Mahoma curaba a los enfermos, daba vista a los ciegos y proporcionaba comida y agua de la nada a sus fieles; Martín de Porres, además de eso, era capaz de estar en dos lugares al mismo tiempo. Solo desde la primera supuesta aparición de la “Virgen de Lourdes” en 1858, la Iglesia Católica ha reconocido un total de 70 milagros (los últimos cinco producidos en pleno s. XXI, siendo todos ellos ¡cómo no! consistentes en sanaciones de graves enfermedades) y más de 7.000 curaciones inexplicables, éstas certificadas nada menos que por el “exigente” gremio médico afín al catolicismo (Lozano, 2022).

Por extensión al parecer, la imaginación popular también suele dar la categoría de “milagro” a todo cambio más o menos radical en la manera de ser de las personas. Por ejemplo, en los últimos tiempos, la serie mexicana de televisión (con adaptaciones en otros países, entre ellos el Perú) titulada “La Rosa de Guadalupe”, se ha encargado de reflejar y difundir la creencia en que los ruegos de las personas “probas” ante una imagen de la “Virgen de Guadalupe” pueden producir bruscas modificaciones de ajenas actitudes humanas malvadas o perjudiciales, convirtiéndolas de pronto en conscientes y benéficas. En un plano aun más primario, a veces la simple formación de imágenes reconocibles a partir de manchas en una pared, o de coincidencias debidas a causas naturales ignoradas (ergo, “vírgenes que lloran” por derrama de cañerías malogradas en pisos superiores), ocasionan verdaderas histerias colectivas en la idea de que están anunciando algo infausto.

¿Por qué la gente cree en milagros?

El hecho de que se prefieran milagros referentes a la salvación o curación no es sorprendente, pues, como se ha dicho en otra parte (Schoenfeld, 1999; Montgomery, 2020), es muy posible que las personas tiendan a creer en cosas así por motivaciones relativas a la defensa frente a eventos potencialmente peligrosos que atentarían contra las gratificaciones que se podrían obtener en su vida cotidiana. Hay poderosas razones para ello: el desarrollo ontogenético y  filogenético de nuestra especie resulta de procesos de variación y selección con base en paradigmas de condicionamiento respondiente y operante. El respondiente alude a respuestas emocionales, como por ejemplo aquellas que resultan de experiencias religiosas, y el operante a la obtención de consecuencias recompensantes, como las buscadas para conseguir salud, dinero y buena vida (Skinner, 2022).

Es de suponer que estas demandas emotivas e instrumentales sobrevivan mientras existan necesidades que las alimenten; independientemente del nivel económico y educativo de quienes profesen las creencias en mención, aunque parece indudable, de acuerdo con los datos citados por Mansfield, et al. (2002), que los más proclives a ellas son los individuos menos pudientes, los más enfermos y los menos educados; y que las características del entorno social influyen mucho en la gradación de la convicción personal con que abrazan sus ideas. No es necesario abundar sobre las diferencias de semejante gradación entre las sociedades islámicas y las occidentales, ni tampoco entre las sociedades primitivas y las modernas. Por ejemplo, en palabras de Karl Kautsky (1972): “El aumento en la credulidad iba acompañado de un aumento en el amor a los milagros” (p. 146), en el mundo antiguo.

Algo que acompaña fuertemente la creencia en sucesos milagrosos es la certidumbre de que proporcionan un significado vital insustituible por la visión objetiva de un mundo guiado a través de la razón. Y este significado vital se vincula, sobre todo en el caso del cristianismo, a la supuesta validez de la disposición de renuncia a los bienes materiales y fomento del “sacrificio por los demás” como valores que potencian la práctica de la solidaridad y el compromiso de mejora individual y comunal (Romero, 2020). Además, según ciertos datos no concluyentes pero hasta cierto punto significativos, las personas con fe religiosa gozan en general de tasas más altas de bienestar fisiológico y de longevidad (Kassim, Fein y Markus, 2014). En este contexto, los milagros no serían otra cosa que fenómenos reafirmantes de dichas actitudes. 

¿Puede la ciencia del comportamiento dar cuenta de los milagros?

Como dice Staats (1979): “Existe una razón para el estudio científico sin las restricciones de presiones sociales de naturaleza religiosa [...] Existen muchos ejemplos en la historia donde esas presiones trabajaron para detener la ciencia” (p. 438). Por tanto, es relevante ocuparse —aunque en este caso de manera no exhaustiva— de desmitificar aspectos relativos a su dominio sanitario.

Gracias al análisis experimental del comportamiento se han esclarecido variados fenómenos que otrora se consideraban sucesos milagrosos en cierta medida. Por ejemplo el tema de los estigmas, manifestados como señales o heridas que aparecen en el cuerpo de personas con una fé religiosa exacerbada, a manera de imitación de las sufridas presuntamente por Jesús en la cabeza, manos, pies, costado derecho, y espaldas. Al respecto, el hallazgo de diferentes equipos de investigación en el siglo XX, sobre todo el de Neal Miller (ver la reseña de Moscoso, 1984) referente a la validez de los principios de aprendizaje operantes para el funcionamiento del sistema nervioso autonómico —piedra de base para la biorretroalimentación—, probaría que ciertas reacciones fisiológicas en los órganos internos pueden aprenderse involuntariamente y ocasionar cambios visibles externamente, entre ellos la respuesta galvánica de la piel, la sudoración, etcétera. Las tasas de ritmo cardíaco y los patrones respiratorios también pudieron ser condicionados en los experimentos de la misma forma, todo ello a partir de combinaciones de reforzamiento positivo (añadir una consecuencia gratificante) y negativo (retirar una consecuencia aversiva) contingentes, llegando incluso a dirigir flujos sanguíneos masivos a determinadas zonas del cuerpo (las orejas de las ratas), haciéndolas crecer y ponerse coloradas. En suma, los efectos de la biorretroalimentación hacen recordar igualmente cómo yoguis, fakires y lamas orientales consiguen reducir la sensación de dolor y modificar significativamente sus funciones orgánicas generales, justificando tales hazañas de autocontrol como eventos de índole milagrosa.

La psiconeuroendocrinoinmunología, derivada también del análisis experimental del comportamiento, devela cómo la interacción entre los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario puede, de acuerdo con principios de aprendizaje, alterar las funciones psicológicas, neurológicas y orgánicas (y viceversa), de modo que potencie o reduzca la aparición, efecto y mantenimiento de enfermedades, por un lado, y del padecimiento de problemas anímicos y trastornos psicológicos por otro. La dinámica actúa en relación con la supresión o reducción de la respuesta del sistema inmunitario, debilitando o fortaleciendo las defensas del individuo frente a potenciales dolencias (Ayala, 2009). La acción y el alcance de estos mecanismos todavía no está totalmente esclarecida, pero es una prometedora fuente de posibles explicaciones sobre fluctuaciones y ocurrencias de salud tan atípicas que podrían calificarse de “milagrosas”, creyendo que contravienen leyes naturales. Ya se ha señalado en el parágrafo anterior la referencia de Kassim, et al. (2014) respecto a cierta correlación que existiría entre la salud y la fe religiosa.

El papel del llamado “condicionamiento encubierto” no es de desdeñar. En este proceso, también sujeto a los principios de aprendizaje operante, tanto las respuestas del individuo como las consecuencias que las regulan se presentan en el pensamiento y la imaginación del propio individuo (Cautela y Baron, 1983), haciendo más factible la posibilidad de que las personas “se autoconvenzan” de cosas fantasiosas que hacen más atractivo su mundo, y de autoprovocarse involuntariamente reacciones combinadas de tipo fisiológico y psicológico. La famosa “conversión” de Saulo de Tarso podría estar en consonancia con semejante proceso.

Comentarios finales

Sin duda puede afirmarse que la creencia en milagros a veces resulta beneficiosa en la práctica, en la medida que proporciona alivio para la ansiedad y el sufrimiento padecidos en situaciones de extremo apuro, pero en la mayoría de los casos no contribuye a una buena comprensión de la naturaleza ni a una adecuada valoración de los acontecimientos que ocurren. A menudo sustituye el uso de la razón por una esperanza ilusoria, fatalista o poco responsable que puede causar más daño que beneficio (como por ejemplo en decisiones aventuradas de profesionales sanitarios), derivando a veces en actitudes fanáticas e intolerantes para defender lo que se cree.  

La mejor comprensión del funcionamiento de la naturaleza y sus leyes micro y macroespaciales debería conllevar a construir actitudes nuevas en los individuos. En tal sentido, la educación y la divulgación a todo nivel es importante, hasta configurar una forma de “alfabetización científica” que filtre las cosas en tempranas etapas del desarrollo, preparando a las personas para interactuar de manera más sensata con su entorno.

Paralelamente, es indispensable no olvidar que el pensamiento científico debe estar acompañado de ciertos valores y concepciones sobre las contingencias mundanas, si es que queremos que compita con las creencias basadas en la superstición que proporcionan sentido a la vida. Staddon (2013), refiriéndose a esto, dice que: 

Los hechos y la lógica de la ciencia, sin la ayuda de los valores, no proporcionan ninguna base para la acción. Debe haber un motivo, alguna noción de lo bueno y lo malo, algún tipo de fe, que nos impulse a actuar (p. 237). 

El tema de qué clase de valores serían los ideales en este escenario, ya es materia de otra reflexión. Probablemente el humanismo secular sería una buena opción (Kurtz, 2001), pero tendría que popularizarse como doctrina en una medida que no ha logrado hasta ahora para constituirse en paradigma de control moral y legal.

 

REFERENCIAS

Ayala, (2009). Psiconeuroinmunología. Interrelación entre los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario, Revista Offarm, 28(6), 110-116. https://www.elsevier.es/es-revista-offarm-4-pdf-13141338

Cautela, J. R. & Baron, M. G. (1983). Condicionamiento encubierto: Análisis teórico. En D. Upper y J. R. Cautela (Eds.). Condicionamiento encubierto (pp. 25-37). Desclée de Brouwer. Orig. 1979.

Kassim, S., Fein, S. & Markus,H. R. (2014). Social Psychology. Wasworth Cengage Learning.

Kautsky, K. (1972). Orígenes y fundamentos del cristianismo. Quimantú. Orig.: 1908.

Kurtz, P. (2001). El fruto prohibido: La ética del humanismo. Ediciones de Filosofía Aplicada. Orig: 1988.

Lozano, J. (11 de febrero 2022). Los cinco últimos milagros reconocidos por la Iglesia en Lourdes, un lugar de formidables curaciones. Religión en libertad. https://www.religionenlibertad.com/personajes/544896146/virgen-lourdes-milagros-curaciones.html

Mansfield, Ch. J.,  Mitchell, J. & King, D. E. (2002). The doctor as God’s mechanic? Beliefs in the southeastern United States. Social Science and Medicine, 54, 399–409. https://doi.org/10.1016/S0277-9536(01)00038-7

Montgomery, W. (2020). Un breve análisis del comportamiento religioso. Eupraxofía (Sabiduría para Una Buena Vida), 7. https://eupraxofia.blogspot.com/2020/03/un-breve-analisis-conceptual-del.html?m=1

Moscoso, M. S. (1984). El condicionamiento operante en bíorretroalímentación. Revista Latinoamericana de Psicología, 16(1), 1984, 61-76. https://www.redalyc.org/pdf/805/80516106.pdf

Pawlikowski, J., Wiechetek, W., Sak, J. & Jarosz, M. (2015). Beliefs in Miraculous Healings, Religiosity and Meaning in Life. Religions, 6, 1113–1124. https://doi.org/10.3390/rel6031113

Romero, C. (2020). Religiosidad vivida y pluralismo religioso en Lima. Páginas, XLV, 40-48. https://investigacion.pucp.edu.pe/grupos/sier/wp-content/uploads/sites/107/2020/04/Religiosidad-vivida-en-Lima-Romero.pdf

Schoenfeld, W.N. (1999). Religión y conducta humana. Universidad de Guadalajara. Orig.: 1971.

Skinner, B. F. (2022). Ciencia y conducta humana. Universidad de Cadiz. Orig, 1953.

Staats, A. W. (1979). Conductismo social. El Manual Moderno. Orig.: 1974.

Staddon, J. E. R. (2013). Faith, fact, and behaviorism. The Behavior Analyst, 36(2), 229–238. https://doi:10.1007/BF03392309

 

 Ir a NEO-SKEPSIS # 14

 

domingo, 23 de octubre de 2022

CONVOCATORIA: NEO-SKEPSIS # 14: LOS MILAGROS

NEO-SKEPSIS (Nuevo escepticismo), revista crítico-racionalista, tiene el gusto de invitarle a participar con un artículo para su próximo número 14 sobre:

LOS MILAGROS 

¿Qué son los milagros? ¿Suceden realmente? ¿Su explicación es sobrenatural, misteriosa y religiosa o natural, racional y científica? ¿Por qué mucha gente alrededor del mundo cree en milagros?

Los artículos deben:

-incluir el nombre del o los autores, su grado y/o título académico (si lo tuvieran) y su correo-e.

-no ser de más de 10 páginas (tamaño A-4) a un espacio con resúmenes y palabras clave en castellano e inglés.

-contener, si fuera el caso, citas y referencias bibliográficas según el estilo APA.

-ser enviados como archivos Word al correo-e del director: mapymc@yahoo.com

FECHA LÍMITE DE RECEPCIÓN DE ARTÍCULOS: 

25 de noviembre del 2022, 10 PM


NEO-SKEPSIS es el órgano oficial del Comité para la Investigación de lo Paranormal, Seudocientífico e Irracional en el Perú (CIPSI-PERÚ), publicado por Ediciones de Filosofía Aplicada (EFA) con el apoyo del Instituto Humanista Racionalista del Perú (IHURA-PERU) y aparece en el International Directory of Philosophy & Philosophers del Philosophy Documentation Center, Charlottesville, Virginia, USA

Reseña: Mahner, Martin (2022). Naturalismo. La metafísica de la ciencia

(Trad. del alemán de Francisco José Mota Poveda). Pamplona: Laetoli, 236 págs. Por Manuel A. Paz y Miño, director de Neo-Skepsis   Mahner es...